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La Isla de los esclavos: Gorea

La Isla de Gorea se encuentra frente a la costa del Senegal, a tres kilómetros de Dakar, la capital del país. En el 1978 la UNESCO la ha insertado entre los Patrimonios de la Humanidad por las siguientes razones: “la isla representa un testimonio excepcional de una de las más grandes tragedias en la historia de la humanidad, el comercio de esclavos. Varios elementos de esta isla de la memoria – fortalezas, edificios, calles, plazas, etc. – cuentan, cada uno a su manera, la historia de Gorea que, a partir desde el s. XV hasta el s. XIX, fue el centro más grande del comercio de esclavos en la costa africana”.

Vista de Gorea
Vista de Gorea

Fueron los Portugueses en el 1444 a descubrir la isla y a nombrarla “isla de las palmas”, pero su nombre en idioma senegalés era Bir, que significa “vientre de mujer”. Inicialmente fue utilizada solo como puerto de atraque por los barcos portugueses durante sus viajes a la descubierta de Africa, hasta que en el 1536 fue construida la primera Casa de Esclavos, donde se encerraban, en celdas de apenas 2.60 x 2.60 metros, hasta 15 o 20 personas.

Ingreso de la Casa de esclavos.
Ingreso de la Casa de esclavos.

Los presos eran encadenados al cuello y a los brazos, como animales, y colocados espalda con espalda. Solo se les liberaba una vez al día para permitirle cumplir sus necesidades fisicas. No hace falta describir las condiciones higiénicas de este lugar, tan degradadas que muchos de los prisioneros murían antes que pudieran ser vendidos.

Boubacar Joseph Ndiaye, director del museo hasta el 2009, enseña las cadenas utilizadas.
Boubacar Joseph Ndiaye, director del museo hasta el 2009, enseña las cadenas utilizadas.

La Casa de Esclavos más grande pero fue edificada por los Holandeses, en el 1776, y en su interior  los prisioneros eran divididos por sexo y los niños eran arrancados de los brazos de las madres. Entre las mujeres, se separaban las muchachas de las demás porque eran consideradas más preciosas y podían ser vendidas a un precio mayor. Era muy frecuente que los mercaderes tuvieran relaciones sexuales con esas chicas, que, al quedarse embarazadas, eran puestas en libertad. Las mulatas que nacieron desde estas uniones eran llamadas signare, deformación de la palabra portuguesa senhora, y su papel en la sociedad puede ser comparado con el de los criollos en las colonias americanas.

Interior de una celda.
Interior de una celda.

Los hombres eran selecionados por su peso, su resistencia física y dentadura; los más delgados eran alimentados con una alubia local llamada niebe, para que ingordasen rapidamente. La venta se efectuaba encima de un balcón, donde los esclavos eran mostrados a los mercaderes europeos.

Escalera.
Escalera.

Gorea fue la base más importante de este comercio hasta el 1848. Millones de personas, provenientes de todas partes de Africa, pasaron por esa isla, antes de salir de ella como esclavos.

Para ser embarcados en los galeones hacia América, los presos atraversaban un estrecho passillo conocido como “el lugar de donde no se regresa”, al fondo del cual muchos intentaban escapar, tirandose al mar, pero nadie lograba la libertad, al ser tiroteados por los guardias o devorados por los tiburones, atraidos por la sangre de las heridas.

Nunca se sabrá exactamente cuantas personas perdieron la vida en estos largos viajes, se calcula que una persona cada cinco muría por las fatigas y las enfermedades. Durante tres siglos de esclavitud, se hundieron 2160 galeones y 600.000 personas murieron anegadas o por los tiburones. Casi 20 millones de africanos, hombres, mujeres y niños fueron secuestrados en sus aldeas y no volvieron a ver nunca más su patria. Los mayores responsables de este delito, vergüenza para la raza humana, fueron Portugueses, Españoles, Holandeses y Ingleses.

Escultura conmemorativa en la isla.
Escultura conmemorativa en la isla.

Actualmente la Isla de Gorea es un famoso destino turístico y la Maison de esclaves un museo visitado por millones de personas, simbolo de una trágica historia.

Barack Obama en la puerta del no regreso, durante su visita a Gorea en 2013.
Barack Obama en la puerta del no regreso, durante su visita a Gorea en 2013.
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